El insomnio y Boscán

Todos tenemos noches difíciles de dormir. Porque las noches se duermen, o se sueñan, depende del poeta que llevéis dentro. Cuando uno tiene insomnio tiende a coger el móvil de la mesilla de noche y mirar todo lo que el mundo le ofrece, pero, ¿y si aprovecháramos esas horas muertas para leer poesía? Así sucedió una noche, que hice trampa, y fui a buscar un soneto que ya conocía: hablaba de lo contrario al insomnio.

El soneto es de Juan Boscán y podéis buscarlo por el número, el LXI, aunque bien puede titularse por su primer verso “dulce soñar y dulce congojarme”.

Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme;

dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba
que alguna vez llegaba a despertarme:

¡oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras si vinieras tan pesado
que asentaras en mí con más reposo!

Durmiendo, en fin, fui bienaventurado,
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado

El primer cuarteto exige una explicación: congoja significa “desmayo, fatiga, angustia, aflicción de ánimo” según la RAE. Pero al margen de eso, el primer cuarteto nos dice que el poeta se sentía a gusto soñando, incluso cuando sueña que sueña. El soñar, como dice el poeta, es dulce si dura un poco más. Porque en esas noches de insomnio quizá es lo que nos falte.

En el segundo cuarteto, el poeta insiste en la misma idea. El soñar es un placer dulce, pero, ¿por qué?. Pues porque es un “no estar en mí”, el sueño es una huida placentera de nuestras angustias cotidianas. Y , además, es una huida en la que “figurarme podía/ cuanto bien yo deseaba”, por eso es tan agradable soñar, puedes pensar lo que quieras, tener lo que quieras.

Cuando uno lee el poema, comienza a dudar si el autor se refiere a los sueños involuntarios, aquellos que te vienen cuando estás profundamente dormido y sin pedirlos, esos pueden ser muy raros. O si, por el contrario, se refiere a soñar despierto, una actividad muy poética. Todos dedicamos muchas horas a salir de nosotros mismos e imaginar todos los bienes que deseamos ya en nuestras manos.

En el primer terceto, el autor habla de una paradoja: el sueño le sería leve y agradable, si se asentase con más reposo, es decir, si fuera tan pesado que no pudiera quitárselo de encima. Y en el último terceto, el autor resuelve la duda, y qué grande y triste es la resolución. Durmiendo el poeta fue feliz, y cree que esa felicidad es justa porque despierto no pudo serlo.

No sé si Boscán lograba tener sueños tan placenteros, pero yo cuando estoy profundamente dormido y sueño, suelo hacerlo con cosas muy raras: sueño que soy vendedor de poesía barata, sueño una caída en un paracaídas verde, sueño que juego al fútbol en primer división pero con una barriga enorme…

A mí los sueños que el poeta dice que le hacen dichoso se me pasan por la mente cuando estoy despierto. Y entonces sí que digo con Boscán: “dulce gozar con lo que me engañaba”. Y estos dulces sueños despierto, irónicamente, no me dejan dormir. Buenas noches.

Jaime A. Perez Laporta

Graduado en Humanidades por la UPF, profesor y poeta de la derrota. Redactor en este gran proyecto de EsPoesia. La literatura es fundamental para decir lo mismo, pero mejor
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