New York

 

Eva, Seminaris, Safo, Cleopatra, Agripina, Lucrecia Borgia, María Estuardo, Ninon de Lenclos… todas las viejas con historia de la llamada Historia, viven aquí, en la sexta avenida, su vida apartada, o en Grammercy Park, o en Brooklyn, discretamente, en pisos suaves a la moda del momento, que les arregla Miss Elisie de Wolfe o Miss Swift, de gracia, un poco recargados por ellas con ciertos recuerdos de época, salvados de saqueos, de naufragios, de quemas, de abandonos. En cualquier reunión de los últimos martes de la «Poetry Society» —«National Arts Club»— o en el «Cosmopolitan», o en el «Actors’», están todas, con dientes de oro, afeitadas, arrugadas, pecosas, pañosas, cegatas, depilado el vello perdurable que, como es sabido, les crece, con las uñas, a los muertos; descotadas hasta la última costilla o la más prístina grasa, llenos hombros y espaldas milenarios de islas rojas y blancas, como un mapa de los polos.

     Visten su ancianidad, de náyade, con yerbas verdes en la calva, de Ofelia coronada, de Cleopatra, con la nariz de Pascal, de lo que sea preciso o impreciso, con todas las cosas posibles e imposibles —casullas españolas, dalmáticas indias, rusas, carnes paradisíacas— y se prenden en cualquier sitio flores de calabaza, amalquitas de a kilo, plumas de avestruz, de águila, de cuervo o de pavo real…

     Desveladas siempre del sepulcro, y sin miedo de llegar tarde, o con la lluvia o nieve, al piso 12 de sus cementerios, son las últimas que se retiran, pues conservadas en champagnes infinitos sus arrugadas arrugas empolvadas, son las preferidas de las sillas de desvelo. No se acuerdan, a tales horas, del Paraíso, ni de Babilonia, ni de Lesbos, ni de Alejandría, ni de Roma, ni de Italia, ni de Escocia, ni de París, que, por otra parte, ¡están tan lejos apra voler de madrugada!; y se quedan con cualquier poeta cubista, robinsoniano o bíblico, quien les diga en mal verso libérrimo o en peor verso redondo ingés —endecasílabo de Pope—, un epitafio galante, que les hace olvidar sus idiomas patrios, ya en ruinas entre los restos de sus dientes.

     ¡Qué terciopelos con espinas y qué cenizas con sedas! Pero sonríen a todos, como claves sin teclas, y coquetean con el chaffeur, con el portero o con el negro del ascensor y se alejan mirando. ¡Pero cualquiera va, a través de los siglos, con esta nieve, a sus sepulcros!

Xavier Roca

Director y fundador de la plataforma cultural EsPoesía. Profesor, infatigable estudiante y apasionado por la cultura. Investigador (R1) en el programa Ramón y Cajal (2016-18). Graduado en humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
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