Badfinger

En ocasiones salimos de las salas de cine con gran tranquilidad, porque sabemos que lo ocurrido en la pantalla no es más que fantasía. Pero, no nos engañemos, la realidad siempre supera la ficción. Y la historia del grupo Badfinger es digna de un drama romántico, una tragedia shakesperiana en la que nadie sale ganando. Esta es la historia de Badfinger.

Pete Ham y Tom Evans son los líderes del grupo. Dos chicos jóvenes aún desconocidos que permanecen en la sombra de lo fama y el talento, pero hacen méritos para llamar la atención. Les acompañan en el grupo Joey Molland y Mike Gibbins. 

La vida da un giro inesperado a favor de nuestro grupo cuando Paul McCartney los escucha por vez primera y le sobra tiempo para afirmar que Badfinger es, ni más ni menos, que el grupo sucesor de los Beatles. El primer álbum de Badfinger lo compuso Pete Ham con 19 años, Magic Christian Music (1970), que incluye perlas como “Maybe Tomorrow”, “Carry on til tomorrow” o “Come and get it”; esta última fue un regalo de McCartney al grupo. Tal fue el éxito que el de Liverpool decidió ficharlos para su propia discográfica, la de los Beatles, Apple Records.

Una bandada, un nido construido sobre las ramificaciones del árbol. Un jilguero silba simpático, brillante y feliz sobre la vida. Un trino placentero lleno de energía. Una tranquilidad que asoma desde una pequeña ventana al campo.

La juventud de los chicos caminaba de la mano de la inocencia. Y aunque su álbum tuvo buena acogida el dinero no llegaba. Y Stan Polley, el encargado de llevar la economía del grupo, era el responsable. El grupo no se preocupaba por los ingresos. Cuando se tiene la posibilidad de abandonar el anonimato gracias al talento, poco importa si un doblón o dos. Ellos solo querían tocar.

Badfinger junto a George Harrison.
De izquierda a derecha: M. Gibbins, J. Molland, P. Ham, G. Harrison y T. Evans

George Harrison y John Lennon no tardan en proponerles tocar y colaborar con ellos; este último en el reputado álbum de Imagine, éxito mundial. 

Pero una cuerda mal afinada puede contener en lo más profundo de su vibración un mal augurio, un infortunio que terminaría por desafinar la vida y las mentes del grupo; como un gato paseando sobre los dientes de un piano a medianoche.

En su siguiente álbum No Dice (1970), de mayor éxito que el anterior, destacan temas como “I don’t mind”, “No matter what”, “Believe me” o “Without you”. Sobre este último, Paul McCartney aseguró que «Without youes la canción más increíble de todos los tiempos». Pero el tema gozó de mayor repercusión cuando fue reinterpretada por Harry Nilsson, que llevó la canción a la primera línea de la fama de la música. Pero de ese éxito el grupo apenas se llevó un céntimo. También grabaron Straight Up (1971)y, como no podía ser de otra manera, encantó a la crítica.

Stan Polley, que tenía vínculos con la mafia, era el responsable de llenarse los bolsillos con dinero que no merecía. La ingenuidad y juventud del grupo no reparaba en ello –pues, ¿a quién podía importarle el dinero en ese momento si te vas de gira con los Beatles y poder tocar tus canciones?–. Pero la inocencia fue demasiado lejos y rompieron con Apple Records por convencimiento de Stan Polley, a quien le molestaba que el grupo estuviera influenciado por los Beatles. Polley se encargó de que el grupo firmara con Warner. Pero cuando sacaron a la calle el nuevo álbum Badfinger (1974), concidió en las tiendas con el último long play que Apple Records había sacado a la venta, Ass (1973).

Un grupo, dos discográficas distintas y un mismo público. Eso confundió a los seguidores y, desafortunadamente, los temas comenzaron a caer de la lista de éxitos. Como las hojas caen cuando arriba el otoño y el piso húmedo queda cubierto por la hojarasca seca y perecedera.

El grupo tocando en directo

Ante tal confusión, Pete Ham quiso abandonar el grupo. Pero Warner le amenazó con romper el contrato con el resto del grupo si él se iba. El líder de Badfinger decidió no marchar. Y cuando quisieron remar a contracorriente para volver a lo más alto con el último LP del grupo, Wish you were here (1974), Warner ya les había denunciado, a ellos y a Stan Polley. 

Pero Badfinger no pudo hacer frente al pago de la denuncia porque jamás recibió el dinero. Les arrebataron los hogares y todo cuanto tenían. Pete Ham, que no fue capaz de soportar los horrores que le había deparado la vida, decidió ajustarse una soga alrededor del cuello. Pete Ham murió a los 27 años, la edad maldita, el anochecer de muchos de los grandes autores. Dejó una nota que decía lo siguiente:

«Anne, te quiero. Blair, te quiero. Ya no puedo querer a todo el mundo y confiar en cualquiera. Esto es lo mejor. Pete.
PS: Stan Polley es un cabrón desalmado. Me lo llevaré conmigo»

Y entonces el jilguero avista el peligro, y el trino simpático, brillante y feliz se convierte en un grito amargo y ahogado. La sombra oscura de la rapaz se apodera de él y con sus grandes garras termina con aquel trino lleno de energía para convertirse en un último suspiro, un hálito ya carente de vida.

«El suicidio de Pete Ham no solamente dejó helado a todo el entorno de Badfinger, sino que sacó a la luz las miserias de la maquinaria del éxito, de una cruel industria musical, que aplastaba sin misericordia a los más ingenuos. Supuso una intolerable vergüenza para la industria del disco. Pete Ham había hecho ricos a otros, pero siete años después de su debut discográfico nunca había tenido una libra en el bolsillo. Era el paradigma de artista romántico, un individuo sensible que vivía en su propio mundo y al que se había explotado sin piedad».

Porque ningún amante de la música debería, jamás, dejar de escucharles.

Toni Gallemí

Colaboro con EsPoesía y Think Tank Civismo. También escribo en mi blog personal «Aurea Mediocritas». Escribo con mis virtudes y defectos. «Bebed porque sois felices, mas nunca porque seáis desgraciados».