Poema “Me dueles” de Jaime Sabines

Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
Nada queda de mí después de este amor. 

.

Entre los escombros de mi alma, búscame, 
escúchame. 
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

.

Atravesando muros, atmósferas, edades, 
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) 
viene desde la muerte, desde antes 
del primer día que despertara al mundo. 

.

¡Qué claridad de rostro, qué ternura 
de luz ensimismada, 
qué dibujo de miel sobre hojas de agua! 

.

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. 
Soy como el hijo de tus ojos, 
como una gota de tus ojos soy. 
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, 
del suelo, de la sombra que pisas, 
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. 
Levántame. Porque he caído de tus manos 
y quiero vivir, vivir, vivir.

Comentario y análisis de “Me dueles”

El tema de poema es la ruptura amorosa, se divide esencialmente en tres partes: exteriorización del dolor e intento de huir de la realidad (v.1 a v.7), recuerdo y contemplación de la amada (v.8 a v.14) y afirmación del amor e intento de reconciliación (v.15 a v.22).

Primera parte

El poema abre con la contraposición de los adverbios “mansamente” e “insoportablemente” para describir la montaña rusa que constituye el desengaño amoroso. Algo manso se refiere a algo que se puede controlar porque se deja domesticar mientras que algo insoportable es justamente lo contrario. Esa ambivalencia al referirse al dolor recoge la forma en la que la voz poética se enfrenta a él. A veces le sobrelleva y otras le supera.

El dolor producido por el vacío fruto del fin de una relación lleva al autor a preferir en un principio huir de la vida, lo expresa con el “córtame el cuello”. La terminación del amor también ha acabado con su vida: “nada queda de mí después de este amor”, una afirmación que evoca a Cernuda con “no es el amor quien muere” como a los místicos españoles con la sublimación del deseo que consume y se opone a la vida.

El segundo párrafo abre con la muerte en vida del autor, sin su amada deja de ser. Sin embargo, hay esperanza, en algún lugar sigue existiendo ese amor que sólo necesita correspondencia para poder ser avivado: ese amor que “pide tu asombro, tu iluminado silencio”.

Segunda parte

El tercer párrafo comienza a recordar la imagen de la amada, la obra empieza con un intento de olvido pero el autor se descubre ensimismado pensado otra vez en ella: “tu rostro viene desde la muerte, desde antes del primer día que despertara al mundo”. En vez de rechazar esta imagen no puede evitar sentirse seducido por ella y desborda su imaginación en el cuarto párrafo:

¡Qué claridad de rostro, qué ternura

de luz ensimismada,

qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Tercera parte

El último párrafo pasa de la contemplación a la afirmación amorosa, el autor recuerda que su ser necesitada de la amada, que no todo está perdido, que el pasado se puede recuperar:

Levántame. Porque he caído de tus manos y quiero vivir, vivir, vivir.

El poema acaba de forma esperanzada pero sin respuesta, ¿respondería la amada que sí o le condenaría a los escombros para el resto de su vida? En cualquier caso, de los escombros se puede siempre volver a empezar, encontrar otra persona y edificar una vida fundamentada en lo aprendido en otras relaciones.

Más poemas de Jaime Sabines

Me dueles
¡Click para más poemas de Jaime Sabines!

Luis Gaspar

Humanista y jurista. Abordo la escritura como instrumento de transformación social. Reivindico la fe como epistemología para alcanzar una verdad. No tolero las falacias ad hominen ni la lactosa. Creo en la existencia de una naturaleza humana, inclinada a la corrupción pero esencialmente buena. Optimista incansable. Sueño con una política que sirva a la sociedad y no al revés.
Cerrar menú
Right Menu Icon