Al oído de una muchacha

A continuación presentamos “Al oído de una muchacha” de Federico García Lorca:

No quise.
No quise decirte nada.
|
Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.
No quise.
No quise decirte nada.

ANÁLISIS: Al oído de una muchacha

Análisis de “Al oído de una muchacha”. Un poema breve de Federico García Lorca en el que se nos muestra su faceta más descriptiva así como la más romántica del poeta español. La primera estrofa de dos versos deja al lector en estado de incertidumbre por no saber quién es exactamente el remitente del poema: ¿Acaso somos nosotros, acaso una chica, un hombre…?




El poema es breve y muy conciso. Los puntos abundan y, por contra, los encabalgamientos se reducen frenando al mismo tiempo la marcha del lector. En esta ocasión, nos encontramos con muchos puntos. ¿Qué quiere decir?  

Nos encontramos ante un poema de amor y de contemplación. Las imágenes mentales que nos transmite cada verso es infinita y podríamos compartir con vosotros todas nuestras impresiones pero, seguro que a vosotros también os inspiran muchas imágenes. El poeta busca que te detengas en cada una de las imágenes que te transmite y te lo indica mediante puntos: ¡PARA!

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.

Los versos centrales del poema que nos indican aquello en lo que el poeta está reflexionando. Se trata de una profunda reflexión —luego explicamos cómo nos lo muestra— en el que no se menciona el nombre de la persona referida. Quizás para mantener la tensión, quizás para no desvelar el nombre de su relación y no descubrir al mundo su intimidad, etc. Tanto es así, que el título del poema es al oído de una muchacha, lo cual ya indica el secretísimo. 




El poema termina del mismo modo que empieza: dos sencillos versos que, en esta ocasión, está unidos a la estrofa. 

No quise.
No quise decirte nada.

En alguna antología nos encontramos esta anáfora unida al resto del poema y, en otras, separada del mismo. Es muy sugerente este breve cambio aunque pueda parecer insignificante. ¿Por qué el poeta empezaría el poema del mismo modo en que lo termina? La sensación que debe darnos es de circunferencia: no hay ningún extremo. Al igual que en un círculo, este poema pretende que retomes la lectura por el mismo lugar por el que la has abandonado.

El poeta, no es que no pueda, es que no quiere decirle nada a la persona sino que, por el contrario, prefiere contemplar, observar, estudiar a la persona que tiene enfrente. Quiere ver cómo actúa, como se mueve, como se menea… tal cual es, tal cual la observa. No quiere interrumpir ni interferir en la actitud de esta persona para observar con naturalidad su comportamiento. También por ello, el poema termina como acaba: nos invita a no dejar nunca el poema, a seguir la contemplación de aquella persona y a no cansarnos nunca de “la otra persona”.

IMÁGENES Al oído de una muchacha

En algunas ocasiones, las imágenes pueden ser más útiles que cien o doscientos comentarios o análisis. Los poemas, en su mayoría, tienen una fuerza expresiva que puede potenciarse mediante recursos o figuras retóricas. En estos versos de Federico García Lorca, por ejemplo, tenemos la anáfora como recurso retórico central que ocupa y centra la atención de toda la obra. 

¡Veamos algunas imágenes que nos evoca este poema!

 

Xavier Roca

Director y fundador de la plataforma cultural EsPoesía. Profesor, infatigable estudiante y apasionado por la cultura. Investigador (R1) en el programa Ramón y Cajal (2016-18). Graduado en humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Cerrar menú
Right Menu Icon